Me hice amigo de la soledad…

soledad

Recuerdo bien la primera vez que me crucé con ella: era imponente y de cierto modo me aterró; curiosamente y pese a su nombre, la soledad casi siempre estaba acompañada de muchos de mis miedos y también de mis complejos. Supe que no quería hablar con ella en el primer instante, y salí a prisa de la habitación en que estábamos, busqué la puerta que conducía a la calle e hice un par de “amigos” que jugaron football conmigo hasta concluyó la tarde, llegó la hora en que debían irse y aquella incómoda soledad se acercó un poco para ofrecer su compañía; sin mirar corrí de vuelta a casa observando a todo mundo, para de esa forma evitar cruzar mirada con “cierta acosadora”. Llegué por fin y la luz estaba encendida, mis padres en casa comenzaron a cotillear decenas de cosas que a mi no me importaban, pero al menos la soledad se mantenía alejada; fué ahí que la soledad se mantuvo distante y de alguna manera noté que era tímida… sentí un poco de lastima, porque esta vez ella ya no estaba acompañada. Sin embargo de inmediato traté de aislar mi sentimientos de empatía y justo cuando arribó el sueño fuí a mi recámara, la soledad no tuvo ya oportunidad de emitir palabra, pues no tardé mucho en perder la consciencia.

Así logré pasar una gran cantidad de días, que se volvieron semanas y bla, bla, bla… llegué a los 13 años. La soledad también creció y de muchas maneras me parecía más intimidante. Fué entonces que en medio de la secundaria me encontré sin amigos, sin profesores que me conocieran o quisieran conocerme; estaba ahí y ni siquiera mis padres con sus conversaciones de poco chiste andaban al alcance, no podía salir de la escuela y en medio de tanto bullicio la soledad se aproximó…Me duele admitirlo, pero estaba aterrado…

— En que piensas? — me dijo por primera vez.

El miedo se distanció, dejandome desconcertado; no esperaba esa pregunta, aunque para ser sincero no sabía exactamente que esperar de la soledad. Simplemente me asustaba su cercanía y prefería no pensar en ella… levanté la mirada y ella seguía expectante por mi respuesta.

“Pienso que no te conozco y me siento raro hablando contigo, sabes? Eres intimidante!”

— No quería molestar…–

“Entonces por qué me acosas?”

— Porque quiero conocerte.–

“Puedes preguntarle a todos aquellos que me conocen y dejarme en paz!”

— Eso no tendría mucho sentido, le mientes a la mayoría de tus conocidos.–

“De que hablas?”

— Bueno, no muchos conocen tus miedos o complejos, para empezar.–

“Claro que no! que sentido tendría eso? uno no va por la vida contándole a la gente que está asustado… nadie querría hablar conmigo si les digo eso!”

— Y cómo es que sabes eso, si nunca se lo has contado a nadie?–

“Porque es lógico, terminaría solo y…”

— Hablando conmigo?–

“Si…”

— Es tan malo esto?–

“A que te refieres?”

— Bueno, es que yo conozco muy bien a tus miedos y complejos, no son tan malos de hecho; pero si están algo enfadados porque los ignoras; he llegado a pensar que es por eso que te molestan cada vez que tienen oportunidad…–

“Y cómo sé que tú haces o harás lo mismo?”

— No puedes saberlo, porque no me conoces…–

“Esa no es una respuesta que me haga confiar en tí, entiendes eso?”

— Si, lo entiendo!–

“Entonces por qué me lo dices?”

— No lo sé, me has ignorado tanto tiempo, que si ahora te alejas de nuevo, simplemente porque te digo la verdad, creo que no me molestaría. Aunque si estaría decepcionada!–

“Y tu crees que a mi me importa decepcionarte?”

— No, no lo creo…–

“Entonces, cuál es el punto? Podrias mentir y ser agradable. Podriamos incluso ser amigos!”

— Si te mintiera no seriamos amigos, seriamos un par de desconocidos cordiales…–

Me quedé mudo… según su perspectiva, yo únicamente acumulaba “desconocidos cordiales” en mi lista de “amigos”; era molesto y decepcionante escuchar eso de aquella que yo consideraba distante. Lo peor de todo es que estaba en lo cierto, no podía contener el enojo; de que forma logró saber eso que nadie había descubierto? no era posible…

— Es posible descubrir en las personas, cosas sin que lo digan; si conversaras más conmigo, lo sabrías.–

“Ahora eres capaz de leer las mentes?”

— Vivo en tu mente, que te guste negarlo es otro tema… Y no, no leo las mentes, pero te comprendo de muchas maneras, al igual que puedo comprender a quienes se comportan como tú. Claro está que cuando conoces al alguien totalmente distinto a tí, me encuentro tan extraviada como tú. No me gusta cuando eso pasa, es desconcertante.–

“Lo desconocido es así!”

Descubrí entonces que la soledad también se asustaba de vez en cuando y que hablar con ella no es tan malo (hoy incluso escribo sobre ella y de vez en cuando le permito a las personas de mi mayor confianza, conocer más detalles sobre ella). No somos tan diferentes la soledad y yo, de hecho y a pesar de que somos amigos, muchas veces pienso que me he enamorado de ella; pero no pienso confesarselo, porque además es probable que ella ya lo sepa, me conoce mejor que nadie. Y es que con el paso del tiempo aprendí a confiar en ella, porque siempre que se lo pido es honesta conmigo y me ayuda a descubrir cosas nuevas sobre mí o sobre los que me rodean. Creo que de hecho ella fué la primera que animó a escribir. No sé si soy bueno, pero a ella parece gustarle mucho que lo haga y a estas alturas me agrada mucho complacerla. Fué de hecho que tratando de complacerla empecé a conocer a mis miedos y complejos, es extraño, pero ahora disfruto saber de ellos, me ayudan a mejorar y se desarrollan de una forma graciosa, haciéndose pequeños con los años y hasta agradables en muchas circunstancias. Curiosamente desde que somos más cercanos, aprendí a hacer amigos simplemente conociendo a las personas y quitándoles expectativas o etiquetas, sin juzgarlos por sus propios miedos o complejos. Suelo de hecho ser franco con mis amigos, porque eso me enseñó la soledad, que cuando una persona gusta de conocer a quien realmente eres, es un amigo o amiga sincera.

Ya no espero que todo mundo se quede para siempre, ni me asusta si un día todos se van; aún en los peores momentos, siempre estamos la soledad y yo…

 

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Acerca de Manu CTL

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